Total failure
del día a día y terrible su hedor a fruta podrida
producirá la caída de esas máscaras de arena
que atadas llevamos cada mañana.
Como tiovivos oxidados girando y girando,
carentes de rumbo siguiendo un destino grabado
a fuego en los corceles de madera que aprisionados
entre nuestras cadenas golpean las aceras
por las que deambulamos ebrios de soledad.
La mañana, siempre la misma, con las mismas ropas
y el mismo andar perdiéndonos
entre el humo de esta ciudad envenenada.
Esperando la noche para desaparecer de nuevo
entre las sábanas hasta enloquecer
por un pedazo de ilusión de alguna estrella rota.
Lanzando plegarias desde la cama, como arañas
parapetándonos en nuestra red de heridas
soñando con atrapar esa migaja que caliente
nuestras manos enterradas bajo la nieve.
Esperando, simplemente esperando que se escuchen
nuestros sueños desde la oscuridad en las que nos
hundimos.
(When we were younger and better)



